Desde que tengo memoria, la pintura me ha acompañado. Siempre fue mi medio favorito y quien me hacía compañía durante las largas tardes de encierro en mi cuarto cuando era niña.
Creo que siempre he vivido con una obsesión por asombrarme con todo lo que veo: los animales, las plantas, los lugares, la vida cotidiana. También con el sentimiento de saber que todo es pasajero y que debo atesorarlo.
Tal vez ese miedo a que las cosas desaparezcan es lo que me hace querer inmortalizar la vida; quizás como un homenaje o tal vez como una súplica.
